Nelson Mandela: el acuarelista de un mundo multicolor

Nelson Mandela es leyenda

Nelson Mandela

Por Gabriela González

Un hombre de mirada apacible, a quien 27 años de prisión no le mitigaron las ansias de luchar por los oprimidos del mundo, vino desde las hermanas tierras africanas para dejar para siempre su mensaje de agradecimiento a Cuba por asumir como suya también la lucha contra el apartheid.  Quizás los estudiantes matanceros no conocen que Nelson Mandela dejó su huella en la universidad de Matanzas al visitarla un 26 de julio de 1991, horas antes de presidir junto con Fidel el acto, en conmemoración a los sucesos del 26 de julio de 1953,  efectuado en la Atenas de Cuba.

La mañana del viernes 26 de julio transcurrió sin signos de que pudiera trastocarse la rutina de la universidad, en ese entonces Instituto Superior Agroindustrial Camilo Cienfuegos (ISAICC). A las 12 de la tarde, para sorpresa de los trabajadores y estudiantes de la casa de altos estudios, el líder sudafricano y su esposa Wini hicieron entrada en el centro. Quizás por ello y para suerte de la historia,  Nelson Mandela fue recibido sin ceremonias, sin discursos fabricados, sin agasajos ampulosos, pero sí con la calidez propia de los cubanos.

Nelson Mandela conversó con Ángel Vega García, rector del centro en estos momentos. El Madiba -abuelo venerable- como le conocen en Sudáfrica,  también dialogó con africanos que estudiaban en ese momento en el ISAIIC. Un grupo de jóvenes, de seguro, deslumbrados ante una leyenda viva y agradecidos con quien cedió su vida al noble propósito de hacerlos libres. Los estudiantes entonaron a coro canciones de protesta de Sudáfrica y enarbolaron consignas del Congreso Nacional Africano (ANC por sus siglas en inglés)

Sí, muchos recorren pasillos y parques de la universidad de Matanzas sin sospechar que por esos sitios caminó una de las figuras más trascendentales del siglo XX. Descendiente de una familia de los jefes supremos de la tribu de los Tembu, Mandela fue formado para convertirse en dirigente de su clan. Pero fue más allá de su destino, se rebeló contra los designios de un país dominado por inhumano sistema de opresión racial.

Por sus actividades, la dictadura segregacionista lo condenó en 1962 a  terminar su vida tras los barrotes. Durante 27 años de cárcel, el frío le caló en los huesos y en los pulmones, pero sus convicciones y la dicha de saberse querido por un pueblo resultaron sus alicientes ante la zozobra.

Cuando el mundo se preocupaba por la tuberculosis que padecía el líder del ANC, las autoridades sudafricanas pensaban en que no podrían perdonarse a sí mismos si convertían a Mandela en mártir. Estaban dispuestos a liberarlo, bajo la condición de marchar al exilio. Mas, Mandela expresó que nunca se marcharía de su nación y que exigía la libertad incondicional de él y de sus compañeros.

El corazón de Mandela no tuvo cabida  para  el odio. Su bandera fue siempre el perdón y su misión trocar las miserias humanas en maravillas.  En su autobiografía, “El largo camino hacia la libertad”, plasmó que:” (…) Un hombre que despoja a otro de su libertad es un prisionero del odio, y está atrapado detrás de los barrotes de sus prejuicios… Ambos han sido privados de su humanidad. Cuando salí de la prisión, sabía que esa era mi misión: liberar tanto a los oprimidos como a los opresores.”

La voz y reclamos de la opinión internacional retumbaron por fin y Mandela fue liberado en 1990. Tras convertirse en el primer presidente negro, mediante elecciones que incluían a todos los sudafricanos, Mandela no se detuvo en hurgar en las heridas del pasado. Para el abogado, lo significativo fue propiciar la unidad  y reconciliación nacional de una nación sesgada por  la exclusión.

 Nelson abandonó físicamente este mundo, siendo uno de esos hombres que lucharon toda la vida, siendo uno de los imprescindibles. El abuelo venerado les devolvió el sueño a los niños sudafricanos, la posibilidad a todos de sentirse dueños de su patria en su propia patria. Y como si una paloma blanca le hubiese besado la frente al nacer,  dedicó su vida a enseñarnos el camino de la paz. Cada plegaria de Mandela, cada mensaje, devinieron y devienen pinceles que nos muestran la belleza imponderable de un mundo multicolor.

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Acerca de quinqueniodeluz

Joven periodista cubana, enamorada de una bahía que lleva por nombre Matanzas.
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