Casarse: ¿cuestión de trajes o de amores?

Si viviéramos en las décadas del 60, 70 u 80 del pasado siglo, tal vez este artículo comenzaría así: ”Toda jovencita aspira a casarse vestida de blanco”. Pero, en el contexto del siglo XXI en Cuba, contraer matrimonio con guirnaldas y trajes desvela a muy pocas muchachas y muchachos.

Así, las historias de nuestros abuelos sobre bodas-en-cubael matrimonio pueden volverse un hecho insólito: las ceremonias en las Iglesias, los regalos en los que predominaba las vajillas de cristal de bohemia o de baccarat, o las lunas de miel que por ser tan dulces, a nuestras abuelas les crecía de inmediato la panza.

Ahora, resulta frecuente escuchar expresiones como:”casarse es solo un papel que no cambia nada” y, aun cuando dichas palabras manifiestan la escasa significación social que padece el matrimonio en Cuba, las cifras de casamientos son más reveladoras.

Según el reportaje Casados o no ¿Una cuestión de amor?,-publicado en Granma– la Dirección Nacional de Registros y Notarías del Ministerio de Justicia ha notado durante los últimos años (2009–2013) una fluctuación en el índice de matrimonios formalizados.

“Mientras que en el 2010 se casaron 76 135 parejas, por ejemplo, en el 2012 registraron su unión 49 502”, apunta el diario.

Las causas pasan principalmente por factores objetivos: la situación económica de la pareja y el fondo habitacional en Cuba, donde es muy poco probable cumplir con el refrán popular: “el que se casa, casa quiere”.

Mientras, los factores subjetivos generan que muchos jóvenes perciban el acto matrimonial como un hecho lejano e improbable. No pocos deciden asumir su vida amorosa al estilo adolescente, sin amarras formales ni sentimentales.

Sin embargo, cuando una pareja decide formalizar su unión y festejarlo sin opulencias, varios obstáculos podrían menguar su empeño: los altos precios de alquiler de trajes (oscilan de 20 a 100 cuc en negocios por cuenta propia), de los anillos, así como los costos del más sencillo avituallamiento para celebrar entre amigos y familiares.

No obstante, el matrimonio supone una unión más allá de abogados y tradiciones. Implica una conexión, un vínculo íntimo entre dos enamorados que deciden compartir proyectos de vida, imprevistos, defectos y virtudes. Resulta un proceso en el que damos una parte de nuestro ser y recibimos otra de la persona amada.

Pero, aunque no necesitemos ceremonias ni firmas para querer, si resulta apremiante elevar la cultura sobre los derechos y deberes legales, así como las ventajas para ambos miembros del matrimonio. El casamiento, contrario a las justificaciones de escépticos y pesimistas, no es enemigo del amor ni del romanticismo.

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Acerca de quinqueniodeluz

Joven periodista cubana, enamorada de una bahía que lleva por nombre Matanzas.
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