Crónica a mis hermanos ( Parte II)

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Mi hermanito…

Después de 11 años aún no sé cómo explicarlo, supe de su existencia mientras jugaba con las barbies en mi cuarto. Mi hermana quería vestirlas de vaqueras mientras yo insistía en los vestidos elegantes.

Fue entonces cuando algún ente celestial o terrenal (no tengo idea) me comunicó que, en solo siete u ocho meses, tendría un hermanito. Tres días más tarde papá llamó para confirmar la clarividencia.

En mi cabeza fantasiosa, a veces, intento descifrar los enigmas de ese y otros presentimientos. Pero más allá de incógnitas, pensar en Alexander es pensar en certezas, esperanza, candidez.

Si midiéramos su capacidad para percibir reacciones y sentimientos, quizás lo confundirían con un hombre de 30 años. No se le escapa una emoción oculta, ni las asperezas mejor disimuladas.

Cuando apenas tenía 3 años, trataba de no llorar frente a él. Porque siempre me descubría el nudo en la garganta y la lágrima a punto de caer. Se acercaba, extendía sus bracitos y repetía: “tata, no llores, no llores más”.

Sucede que mi hermanito ha asumido el papel de mediador o embajador de la paz familiar. Si mi hermana llega lamentando que su celular se rompió, él no titubea. Va a su cuarto y saca de un escondrijo los ahorros que ha logrado salvar de las garras de papá. “Toma, tata, esto no alcanza, pero es algo”. Y así lo entrega sin dilaciones, sin reparar en ese juguete, pelota o guante que ya no podrá ser comprado.

mi-bello-hermanitoTampoco aprueba las comparaciones entre los miembros de la familia. Si le preguntan a qué hermana o cuñado quiere más, no demora en responder que a sus dos hermanas y a sus dos cuñados. Por suerte para nosotras, todavía no existe quien le haga variar esa respuesta tan rotunda.

Pero la sensibilidad es solo una de sus cualidades más insólitas. Desde los cuatro años puede reconocer las banderas de la mayoría de los países. Durante las olimpiadas del Reino Unido 2012 abandonó su habitual timidez y faltó poco para matar del asombro a una visitante ocasional. Sin saber leer, señaló a la pantalla del televisor y explicó: “Esa competidora es rusa, esa francesa, la otra italiana”.

Sin embargo, cometería un error si convirtiera esta crónica en una apología, un retrato frío y sin matices de mi hermano. No obstante, confieso que hasta algunos de sus defectos me provocan ciertas ganas de reír, nunca enfado.

A Alexander siempre se muestra indiferente ante los castigos. Es lo mismo si le prohíben salir a la calle con los amiguitos, jugar videojuegos o disfrutar de los muñes. Nunca percibirán en él una expresión de arrepentimiento.

Solo cuando su mamá alza un tanto la voz se le derrite el traje de mármol. Llora y se aferra a su pecho. Porque, a pesar de todo orgullo, Alexander no logra redimirse sin el perdón de quien más le profesa cariño.

Ella, no creyó cuando en su noveno mes de embarazo le recalqué que su hijo llegaría al mundo un 22 de enero. Ahora cada 22 del primer mes del año no faltan el cake, los amigos y la cámara para la cual mi hermanito sonríe con graciosa picardía. Después sopla las velas y pide un deseo.

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Acerca de quinqueniodeluz

Joven periodista cubana, enamorada de una bahía que lleva por nombre Matanzas.
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