Verónica del mar

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Así se titula una canción de Silvio Rodríguez que he escuchado desde que cursaba el octavo grado. Doce años más tarde, el nombre de Verónica suena cual palabra mágica en mis días, pues da nombre a una personita gestada en las entrañas de mi hermana. Una personita de solo 10 meses de nacida, pero su corta presencia en nuestras vidas ha significado lo mismo que disfrutar 20 años de felicidad.

Verónica electriza la casa y nos carga de energía mientras nos consume hasta el tuétano. Una paradoja inevitable, porque Verónica, así como el mar, es impetuosa, rebelde, apacible, encantadora.

Temo que su personalidad sea una especie de regalo-castigo a su madre, quien dejó una estela de travesuras y anécdotas picarescas en el recuerdo de muchos. Fui testigo de la hermana que lamía los desodorantes, la hermana que subía al segundo piso aún sin existir escaleras, la hermana capaz de romperme los dientes de leche.

Esta crónica es la de Verónica, no la de Amalia, solo explico los antecedentes para argumentar mi teoría, pues quizá mi hermana esté pagando sus propias travesuras con una descendiente directa capaz de ser aún más pícara.

A Verónica muy pocas veces la he visto llorar, más bien desde muy pocos meses ríe ante cualquier estímulo, sonríe con todos: con los bisabuelos, vecinos, transeúntes ocasionales. En una de nuestras últimas visitas a La Habana, en el Parque de la Fraternidad, intentó de varias maneras aproximarse a un señor con apariencia de paciente siquiátrico. Verónica le sonreía y no ocultaba su deseo de palpar aquella camisa sucia y desvencijada. Verónica es una suerte de alegría con todos y para todos.

Quizás no me crean si digo que es hermosa, porque pensarán que por quererla tanto soy incapaz de afirmar lo contrario. Pero algo sí es innegable, en su rostro sobresalen dos pupilas asombradas ante el mundo. A Verónica todo se le vuelve insólito, interesante: las carteras repletas de objetos femeninos, los aretes, las cadenas, los periódicos, los controles remotos, los zapatos, los calderos.

Tiene un ansia inextinguible de explorar el entorno. Y en esa exploración puede que los espejuelos o el peine de la abuela terminen quebrados. Sucede también que estamos tan hechizados por Verónica que, al menos ahora, cualquiera de sus travesuras nos parece una actitud natural y graciosa de la edad.

También nos parece graciosa ese deseo de alinear sus manitas al compás de la música. Ante cualquier estímulo musical y casi de forma automática, comienza a percutir sobre el brazo de madera del sillón. Y por ese motivo, ya muchos pueden ver el lado más vergonzoso de mi papel de tía, cuando le interpreto una pseudocanción inventada por mí: “Verónica, la rumbera”

Sin dudas, Verónica ha descubierto un lado inhabitado dentro de mí, un amor oculto destinado para ella. Es tan apasionante esa ocupación de ser tía, que deseo que mi hermana muy pronto pueda sentir lo mismo que yo. Pero sí a ella le confieren la dicha de una sobrina, tendrá que cantarle ese otro tema de Silvio incluido entre mis preferidos: “Y Mariana quiere ser canción”.

Acerca de quinqueniodeluz

Joven periodista cubana, enamorada de una bahía que lleva por nombre Matanzas.
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7 respuestas a Verónica del mar

  1. Claudia dijo:

    Me has hecho llorar como otras tantas veces. tengo la intuición que Mariana va a ser melodía y tan intensa y apacible como su prima. Aquí tiene a otra tía, Mariana o Eduardo Alejandro

  2. Yosniel dijo:

    Muy bonita tu crónica Gabriela al igual que tu sobrina, mis saludos.

  3. Gaby, una vez más me dejas sin palabras, las tuyas me conmueven y me hacen llorar. Dejas en tus letras el cariño de una tía apasionada, de una hermana incondicional y de una amiga leal.Tus letras siempre me llegan porque las escribes desde el alma y pones en tu empeño hasta el corazón.Un besote

  4. Yuriaski dijo:

    Me encantó este escrito, soy amigo cercano de los los padres de Vero y conozco a la pequeña que aquí se logra describir perfectamente. Felicidades Gabriela, lograste hacer un retrato de Verónica solo con palabras. Ah y no me cabe duda alguna de que esta niña es inmensamente especial.

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